Un día te vas a levantar con unos labios que anhelan café.

Cada día de tu vida vas a correr por la ilusión del tiempo mismo, una fantasía que te proyectas cada que sale el sol y tu cuerpo te deja respirar una vez más ese aroma tan característico de productividad y felicidad, toda esa maldita juventud que ves reflejada cada viernes y aún no entiendes.

Cada día te queda menos tiempo, cada año te sientes más cansado y se vuelve más difícil levantarte a prepararte algo rico de desayunar a ti mismo, empiezas a sentir una dependencia y empiezan a pesar cada vez más tus pies, te empieza a calar la desvelada de anoche, o la cerveza que le aceptaste a tu amigo antes de ir a casa después de un día pesado

Cada día tu cuerpo va a querer levantarse menos, va a necesitar una taza más de café y nisiquiera se dará cuenta de su adicción. No recordarás en qué momento diste el primer sorbo que te atrapó como una droga matutina que más que eso se vuelve ya casi un ritual para soportar el día a día.

Cada día de tu vida vas a levantarte pensando en el punto negro que hay en la piel de la persona que despierta a tu lado, la mancha misteriosa que tiene detrás del cuello, ese lunar que no dejas de ver. Cada día de tu vida vas a ver esa parte que no te atreves a preguntar su origen y solo te limitas a admirar. Después de todo entenderas que al final del día valio la pena no despertar a base de una sobredosis de café, por qué todo el café que necesitabas ya estaba en ese hogar, metida en esa cama, con ese cuerpo tan radiante, tan calientito y justo ahí, tan cerquita de su nariz, justo ahí...

En eso ojos.

Un día te vas a levantar con unos labios que anhelan café.