No puedo evitar sentir una eterna desesperación al saber que he hecho daño a una persona que quiero y sobre todo, que me importa. La inmensidad de mis pensamientos me destruye.  

Mis sentimientos se rigen por una constante aprobación propia que distingue fuertemente entre las personas que quiero y el resto del mundo. Tiendo a pensar en las demás personas pero nunca al grado al que lo hago con la gente que quiero y estimo.

Vivo sin miedos. Vivo sin prisas. Hasta ese momento en el que termino por hacer algo mal y mis acciones logran alcanzar los sentimientos de esas personas que estimo. En ese momento, el miedo invade mi ser; dejo de vivir y siento la prisa de arreglar todo, a pesar que la mayor parte del tiempo es imposible. Es algo que solo el tiempo puede arreglar. Y el miedo constante que las cosas nunca vuelvan a ser iguales, de perder eso que tanto disfrutaba o anhelaba. Deseo recuperar eso que perdí al momento de fallar.

Finalmente no sirve de nada arrepentirse de las cosas si no se aprende algo. Espero que después de todo, mis fallos se conviertan en solo recuerdos que me hagan ser una mejor persona.

Lo siento mucho si alguna vez has sido esa persona. Con amor, Jalil.